- Fuera del Rol
- Primer Día: Mañana - Mediodía - Principio de Tarde
*El desierto ya se extendía desde hacía a penas veinte minutos, el soleado día deslumbraba ahora a la rubia que se paraba en una de las innumerables dunas, allí donde antiguamente los ejércitos guerrearon ahora ella se colocaba unas gafas de sol guardadas en su mochila, estas tenían una forma única ya que eran algo alargadas, negras, con brillantes alrededor de los cristales tintados de colores lilas. Toda ella ya formaba un sin fin de numerosos complementos de moda, pero parecía que aún de aquel habito debía demostrarlo, total tan solo portaba su vestido minifalda de color negro, sus botines de color igual y su gabardina azulada, no podía enseñar más de lo que realmente deseaba.
Tan solo era cuestión de segundos que la dulce tarde ya comenzará a despegar entre sus cabellos rubios mientras un ondeado pensamiento relucía entre los incansables sentimientos de un corazón pesado. Quizá el camino fuera a ser extremadamente largo debido a las distancias, pero tan solo bastaría más que ímpetu y una larga colección de maquillajes para alejarse hasta un lugar remotamente adecuado, era entonces cuando las duras dunas acosaban una tras otra vez a la de orbes azules que sentenciaba una esperanza.
Esa esperanza estaba por llegar de la mano de una pequeña caravana de carruajes, los cuales eran llevados tanto por camellos de gran tamaño como por unos cabellos de pelaje muy oscuro, parecía incluso que la tela que llevaban de colores vivos eran conducidos por ángeles del desierto. Sabía que sin a penas agua no podría abastecerse fácilmente por todo el camino a recorrer, tal era que contaba como mínimo un total de cuatro noches a descansar por los desiertos, lo cual no era una idea ni remotamente aceptable para la chica que sabía que pronto los calores comenzarían a azotarla. Por ello la suerte de encontrarse aquel grupo de personas le resultaría más que beneficioso, bendito, donde iría acercándose a estos de forma despreocupada, una mente totalmente abierta a que representaban salvadores y no una mera imaginación o ilusión.
Tanto era que poco a poco al aproximarse sentía como un extraño olor, era parecido al de la carne recién hecha pero se confundía con otro más fuerte, todo esto hacía pensar que quizá tratasen de algunos comerciantes de manjares. Dado entonces, ya podía asegurarse de haber sido avistada puesto que un hombre bajaba de los carruajes y se armaba de valor para llegar hasta la muchacha, la cual ya comenzaba a sentir enrojecida sus mejillas al calor, este chico parecía joven de alrededor de los dieciséis años y vestía con telas de diferentes colores y con una especie de tira en la cabeza, la cual le resultaba un tanto peculiar a la belleza rubia.* – Ey, ¿Qué haces por aquí sola? - *Entablaba el hombrecillo mientras se colocaba en frente de esta y los dos cesaban el paso, parecía que aún no se sintieran muy seguros de su presencia debido a que este chico portaba un machete a la espalda y a muy duras penas ocultaba su intención de mantener su diestra cerca de este. La rubia por su parte mostraría un atisbo de resignación y posaría de una forma femenina, sus manos en la cintura y una expresión facial recurrente.* - ¿Qué pasa, no puedo tomar el sol? … - *Dejaba así atónito al chico que miraba hacía arriba, en dirección al astro nombrado y luego reía comentado que le parecía graciosa. Aún no tenía previsto ni como continuar cuando este le ofrecía con un ademán acercarse a la caravana.* - Parece que estas viajando, nosotros vamos hacía Masadora, capital del Viento. Si quieres puedes acompañarnos hasta allí. - *Contestaba este mientras mostraba una sonrisa a medio expresar. La kunoichi por su parte aceptaba reconociendo aún que la situación parecía extraña.
- Y dime, ¿Metéis mucha gente en vuestras caravanas sin saber quienes son? - *Preguntaba ella mientras caminaban a un paso un tanto más acelerado en proyección a estas, al parecer continuaba temiendo a que realmente aquel machete no fuera para simplemente defenderse. A la par respondía de una forma tranquila el otro…* - Eeehhh… Sí, se pierde mucha gente por este desierto. Normalmente son de Viento o Vegetales, ¿Tú de dónde eres? - *Continuaba el chico tratando de entablar una conversación con la otra, mientras ya casi llegaban a donde escuchaba a los caballos cabalgar en una potencia muy disminuida a la que había visto desde lejos, quizá hubiera sido una ilusión de la distancia.* – Soy de Tierra, venía de ver a un familiar mío en Vegetales y al volver me acabe perdiendo. - *Acotaba tras de sí la rubia que mentía de una forma sencilla, sin mostrar en ningún aspecto un atisbo de duda. Tras esto llegaban al carruaje número cinco, penúltimo de la caravana, donde gracias al chico conseguía subir a la parte trasera. Este que era en gran parte uno de los más grandes le mostraba ante sus ojos un sin fin de objetos raros, el hombre por la otra parte le indicaba que se quedará quieta que ahora volvería.
Era entonces que en la humilde oscuridad, debida a las telas casi opacas del compartimiento, la rubia comenzaba a descubrir lentamente como cada uno de los objetos era más extraño por segundos. Empezando desde cuadros hasta alguna escultura de piedra y continuando por una especie de figura de una niña con una máscara de demonio, parecía incluso increíble como habían llegado a reproducir tales texturas, ya que casi aparentaba la máxima expresión de la realidad. Finalmente cuando trataba de acercarse cada vez más a esta figurita una sensación de inquietud se formulaba por su piel, donde de una forma muy rápida y casi sin mostrar pulso alguno, la figura se abalanzaba sobre ella y gritaba diciendo…* - ¡Buu! - *La rubia caía al suelo y quedaba atontada ante tal sacudida, sacando de esta manera un kunai que tenía preparado en la manga de la gabardina. La realidad final era que allí donde parecía una figura aparentaba una niña asustaba a una kunoichi, por lo tal sería una curiosa anécdota cuando estas comenzaban a reírse. Por otra parte volvía a entrar el chico y decía de una forma seria…* - Aiko no asustes a los invitados. Lo siento es que es un nervio… - *Decía este mientras se dirigía finalmente a la rubia que continuaba en el suelo, la cual se sorprendía por el nombre de esta niña.* - Nada tranquilo, estoy acostumbrada. - *Reía de una forma peculiar mientras recordaba a su niñita que ya se habría despertado a estas horas de la mañana. Tras esto, los tres se sentaron en el suelo del carruaje y el de la tira en el pelo comenzó a comentar la situación, tal era que iban en dirección a Masadora y que posiblemente mañana llegarán al destino dado a que se encontraban muy cerca de la frontera con Viento. Otra cosa era que debería llevar un salvoconducto de mercante de la familia, ya que desde hacía poco la seguridad de Viento había empeorado por la situación del cielo rojizo, era extraño que ellos se encontrasen en tan buen estado o aquello aparentaba.
Tras varias horas de viaje y jugueteando con la pequeña niña, la rubia ya llegaba sin percatarse a la frontera con Viento, donde pararían los carruajes y aprovecharían antes de pasar para realizar la comida. Al parecer la carne que había olido se trataba de una especialidad de la madre de Aiko y Kakeki, el chico, la cual añadía unas hierbas que supuestamente traían “armonía y suerte” a la familia. La rubia degustaba esta como si se tratase de una bendición, ya que desde que había despertado no había probado bocado alguno. Tras una bienvenida a la comunidad de mercantes y una comida deliciosa, toda la caravana continuo moviendo hasta la frontera con Viento, la cual se situaba posterior a un estrecho de montañas cuando todavía sería el principio de una tarde ambigua.*








