Pero como toda en la vida, su rabia se esfumó a los pocos días, dando paso a un aburrimiento contra el que no había solución. El calor era una molestia y aunque tras quitarse la gabardina, su carne continuaba ardiendo ante el contacto del astro rey sobre su pálida piel, la temperatura era un rival invencible en comparación con esa sensación de sopor que le hacía preguntarse cuánto tiempo podría seguir así sin intentar saltar por la borda. No se debía a que se sintiera solo sino al hecho de que no estaba acostumbrado a quedarse quieto. La sensación de libertad no existía en el navío, aquel medio de transporte que era por una parte su mayor esperana y también su celda, compartida con otras tres personas, si bien realmente la única que contaba era el chiflado, quien pese a sus desvaríos era el único ser humano que le dirigía la palabra, lo que a veces le hacía sonreír con amargura.
El tipo al que más detestaba, era el único que se relacionaba con él, pero tampoco era algo que le extrañase en demasía, lo que le hacía sentirse raro era otra cosa, una que pensaba haber dejado atrás pero que en aquel barco empezaba a atormentarle de nuevo. En cualquier caso, eso también tenía sus ventajas pues podía seguir sin ayudar de forma directa a los demás, descansando durante el día y pescando durante las noches mientras los otros se iban rotando en el control del timón y en la caza de alimento por lo que realmente mientras ellos trabajaban el doble que él, el médico se pasaba casi todo el día disfrutando del sopor que reinaba en el ambiente, como alguna clase de ser párasito que sobreviviese a costa de otro más importante.
Se puso en pie y observó con atención el perfil de la costa de algún estado cuya denominación ya no podría afirmar con absoluta certeza pero que se mostraba ante ellos, téntándoles a detenerse allí para dejar atrás el hastío de la vida en el mar. Desde allí, podía ontemplar las estructuras que los habitantes de la nación habían construidoe en torno a la misma con el objeto de hacer habitable la región. En otro momento, aquel cambio en el paisaje le habría resultado indiferente pero tras varios días en los que lo único que veía en torno a sí era abundante agua, agradeció el poder contemplar en paz aquel pedazo de tierra. Una calma que se vio interrumpida bruscamente por la presencia de Snein, quien se posicionó junto a él, dejando escapar una frase de reproche de entre sus labios, que el joven Kenta pasó por alto, aunque no ignoró completamente al demente pues le respondió con claridad y toda sinceridad, para ver si ese chiflado podía contestar con alguna lógica.
-¿Te gusta tocarme los cojones o algo así, Capitán Chalado?- inquirió el muchacho de pelo blanco y ojos azules con tono cansado, casi como si no tuviera fuerzas para hablar.- No entiendo porque no puedes dejarme en paz. ¿Qué te pasa conmigo? ¿Te maté en una vida pasada y ahora vives para incordiarme? Venga, lárgate a un rincón a jugar a la pelota invisible, ¿no ves qué tengo cosas que hacer?
Había esprado solo formular la pregunta, pero estaba tan irritado que el ordenar a aquel desgraciado que se retirase de su presencia casi le salió de forma instántanea, como si su voluntad no hubiera tenido nada que ver con ello.
- Fuera del Rol
- Perdonenme si alguna parte del post incumple lo dicho por Yoru en el m que ha mandado pero lo he leído después de postear y me da pereza modificarlo.




Batallas ganadas: 15
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