- Fuera del Rol
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Primer día: Tarde - Noche
Segundo día: Mañana - Tarde - Noche
*Ya hacía varias horas que la caravana había despedido el desierto de Rorán, donde el estrecho entre varias montañas aparecía ante sus orbes y ya habían pasado por varios controles donde por el momento no debieron pararse, al parecer la seguridad nombrada anteriormente no era tan cierta como le habían comentado. Ahora ella se encontraba bajo las telas del quinto carruaje y por tanto gracias a su extraña capacidad, se encontraba en una atmosfera totalmente diferente a la exterior, donde el calor era incapaz de introducirse por estas. Con ella se encontraban la madre de Aiko tumbada en una de las camas, la niña que jugaba con unas muñecas y su hermano que entraba de vez en cuando mirando con seriedad a las tres. Todo esto se juntaba a que ella se encontrase en una de las butacas del carro, relajándose poco a poco en el lugar y quitándose la gabardina, mostrando así su vestido negro de minifalda y un solo tirante que quedaba ceñido a su cuerpo. Finalmente podía decir que se encontraba a gusto desde hacía varios días, donde el día a día en su residencia actual se volvía caótico y tenía literalmente poco tiempo para sentirse realizada como una ninja de verdad, ya que un corazón nunca puede tener freno ni mucho menos marcha atrás.
Todo en aquel anden entre la paz y la tranquilidad se sepultaba cuando de repente los caballos dejaban de trotar de forma repentina, produciendo así un movimiento brusco en el carruaje, Aiko se caía al suelo y era “consentida” por su madre de forma que comenzaba a darle mimos para que se tranquilizase. Ella por su parte sonreía y al mismo tiempo se comprometía a ponerse nerviosa, sabía la situación real de aquellos días y posiblemente les negarán el paso a estos mercantes, iba pensando mientras que Kakeki entraba y daba una señal con su mano para que la madre saliera adelante, donde estaba el padre de ellos.* - Nina están parando la caravana los guardias feudales, deberás hacerte pasar por mi hermana mayor cuando pasen, ¿De acuerdo? - *Acotaba él mientras esta se volvía a colocar su gabardina azul y se sentaba sobre la cama con Aiko a la par que asentía con la cabeza y miraba de reojo hacía la parte trasera.
Al parecer la cosa iba para largo cuando hasta pasada una hora se asomaba una pareja de guardias, un hombre y una mujer que de una forma brusca abrían las telas de la parte trasera y rebuscaban por cada escondrijo, mirando de esta manera a la mujer y la niña que todavía se encontraban en la cama, levantándose cuando escucharon el ruido. La pequeña ya mostraba síntomas de nerviosismo y miedo antes incluso de que apareciesen, lo cual hizo que Nina por instinto la abrazase en el momento exacto y le diera un beso en su cabeza. Tras unos cuantos segundos, los guardias suspiraron casi a la vez y cerraron de nuevo las telas para ir de forma directa hasta la última carreta, lo cual hacía que Aiko sonriera y finalmente saliera junto su hermano a darle un abrazo. Nina por tanto quedaría sola y aprovecharía para tumbarse nuevamente.
La noche a su vez ya había caído para la caravana y la rubia despreocupada gracias a las telas no se había dado cuenta, era casi normal dado a que el estado del color rojizo se confundía fácilmente. Por tanto cuando terminaron los registros se pararon los carruajes en las afueras del pueblo de Minora, situado muy próximo a la frontera y conocido por ser un punto de unión entre viajeros. Allí pararían durante la noche y prepararían la cena entre las mujeres de la caravana mientras los hombres se ocupaban de los caballos, las telas que se debían coser y del sexto carro, que por ahora no le habían dicho el porque debían cuidarlo de forma más extrema, cosa que cuando Nina acercaba unas verduras a la madre de Kakeki le cuestionaba.* - Aha… Tranquila, el sexto carruaje solamente hay gente que hemos ido encontrando. Son personas que han quedado muy tocadas por el cielo que nos ha tocado vivir, aunque también es cierto que algunos ya hemos caído al sexto carro. Pero al ser comerciantes nómadas no nos dejamos caer fácilmente, es cierto que esos horribles seres aparecen, pero cuando se me acerquen yo les atizo con mi bastón y santas pascuas. ¡Somos rudos aquí! - *Terminaba mientras todas las mujeres reían, un total de cinco, mientras Nina expresa una sonrisa en su rostro al ver finalmente lo que realmente pasaba en el carruaje. Tampoco le era extraña la situación en estos momentos, ya que la taberna de Mama se había quedado casi libre de este contacto con el cielo, seguramente por lo acostumbrados que tendrían que estar de ver ilusiones diabólicas gracias al alcohol. Dado así la noche pasaba nuevamente entre bebidas, comida y risas entre todos los habitantes de aquella pequeña caravana, donde al parecer quedaban eludidos del malestar del cielo rojo gracias a su fuerza de voluntad y su por así decirse, codicia a no morir de hambre. Todos y cada uno de ellos fueron acostándose en sus carruajes y a Nina se le ofreció dormir en una de las camas del quinto, una de las más cercanas a Kakeki y Aiko, los cuales dormían juntos como buenos hermanos.
Tras de ella, la mañana llegaba y un nuevo día de viaje se asomaba para la joven, donde ahora con un rumbo firme se dirigían hacía Masadora cruzando el gran desierto, este parecía completamente parecido al de Rorán, el cual había circulado el día anterior. Los recuerdos de cuando fue recogida llegaron y le hicieron alegrar mientras miraba el paisaje de forma alegre a la par que separaba ligeramente las telas para ello. No hacía tanto calor como ayer, seguramente como le habían comentado era más fácil pasar el desierto por la mañana que por la tarde y por tanto deseaba llegar cuanto antes a la capital, donde debería separarse de estos buenos mercantes. El viaje poco a poco se iba a haciendo cada vez más pesado debido a que tenía poco que hacer, tan solo su vista se podía centrar en el horizonte mientras que el poco arte del desierto le inspiraba para dibujar. La rubia que les había pedido lápices y papel a los mercantes había comenzado a hacer bocetos de los acantilados que iba viendo junto a las dunas, al parecer su arte iba avanzado poco a poco por rincones que no había sospechado hasta ahora y que presenciaba ante su vista. Tras casi cuatro horas de viaje a máxima velocidad llegaban noticias referentes hacía Masadora y era que parecía que aún quedaba más de la mitad del viaje. La rubia por su parte que había terminado su dibujo, lo guardo debajo de la almohada de la cama prestada y se tumbo en esta para dormir y ahorrar tiempo mientras descansaba. Tal fue así que en cuestión de segundos quedaba completamente dormida…*
- Nina… Despierta. - *Repicaba una voz infantil mientras que sus ojos se iban abriendo lentamente, parecía durante unos segundos que la visión de su hija se posicionaba ante sus orbes mientras tras el espejismo volvía a ver a la otra Aiko, la hija mercante. Esto hizo que se sobresaltara y la niña riera al mismo tiempo comentando que la había vuelto a asustar. Tras ello Kakeki le señalizo que ya habían llegado a Masadora aunque ellos no iban a entrar propiamente a la capital, sino que se quedarían en las afueras dando las mercancías a los tendederos de la zona. Ella por su parte acababa despidiéndose de todos mientras daba las eternas gracias por haberla hospedado durante ese trayecto, dejando los dibujos aún en la cama como regalo para ellos. Por su parte la familia le daba un poco de comida preparada y unas botellas de agua, algo muy importante en esta zona, deseándole de esta manera lo mejor en este viaje.
Después de separarse de los mercantes le tocaría encontrar algun otro mecanismo de viaje que no tuviera que cansarse, demostrando así la “vaguedad de la rubia” en cuanto a viajes largos se trataba, por tanto se dedico a caminar por las calles del bazar céntrico de la ciudad, intentando así encontrar alguna oportunidad asequible para llegar cuanto antes a Garra, su objetivo. Por tanto y debido a la gran afluencia de la ciudad no le costaría encontrar algunos sitios donde se alquilaban desde camellos hasta caballos o incluso algunos carros como los que había utilizado anteriormente, aunque estos salían de precio y además debía devolverlos en cuestión de días. Dada a estas opciones comenzó a idear que lo más eficaz sería el uso de transportes mercantiles parecidos al que había utilizado aunque esta vez pagando, por ello pregunto a la gente hasta llegar a una especie de “estación” en las afueras Este. Allí cuestionaría sobre alguno en dirección a Fuego, el cual salía al anochecer y tenía preparado un tiempo estimado de diez horas como mínimo con un precio de 34 ryous. Ella accedía a pagar esta suma e iba ostentando una de las camas literas del carruaje, por suerte le había tocado una superior y el que le pudieran robar se trataba de una situación complicada. Finalmente descansaría hasta el comienzo del viaje, donde tras varias horas iban subiendo nuevos viajeros, todos ellos con ropas y colores de piel diferentes a la par, lo cual producía una sonrisa ambigua a la rubia que terminaba quedándose traspuesta en la litera.*








