No paso mucho tiempo para que ambos sacaran mantas de sus mochilas y las posaran sobre el suelo. Hana acomodaba las sabanas y les quitaba el pasto que caía sobre ellas, a la vez que Isamu iba y venía del bosque, cada viaje cargando una gran cantidad de piedras, troncos, ramas, hojas y pasto seco. Las tumbaba a un lado de la fogata y regresaba al bosque, donde se dedicaba a seguir recolectando estos objetos. Una vez que Hana termino de acomodar los lugares donde dormirían (procurando tomar una distancia de unos 2 metros entre ambos) miro a la Kaeru con curiosidad, mientras esta regresaba de su séptimo viaje y dejaba el ultimo cargamento en el suelo, para después sentarse en el suelo y sacar su encendedor del bolsillo de la túnica, con el cual comenzó a encender el carbón ya usado anteriormente.-¿Isamu-san?-Murmuro la castaña, acercándose lentamente a ella. La aludida no presto mucha atención, prefiriendo mirar como el carbón comenzaba a arder y ocupada en poner unas cuantas ramas y un poco de pasto sobre el carbón caliente.-¿Hmm?-Hana se acerco más, mirándola fijamente a sus ojos. La morena noto este movimiento, por lo que giro su cabeza en dirección a su compañera a la vez que posaba lentamente un tronco sobre el fuego generado por el pasto.-¿Qué pasa, Hana?-Pregunto con curiosidad. Esta desvió la mirada con una sonrisa.-Esto… creo que es la primera vez…-Murmuro. Isamu alzo una ceja en signo de confusión. Hana la miro y siguió sonriendo.-La primera vez que estamos a solas…-Musito, poniéndose roja como un tomate. Isamu asintió con una sonrisa y se apoyo con ambas manos detrás de ella, a la vez que inclinaba su cabeza hacia atrás para mirar el cielo.-Es cierto…-Musito alegremente. Hana la miro y siguió sonriendo a la vez que tomaba una ramita del suelo y comenzaba a quemarla.-Dime, Isamu…-Volvió a murmurar la castaña. La aludida no se molesto en mirarla, sino que se incorporo y saco un cigarrillo de su mochila; se lo puso en los labios y se acerco al fuego, donde comenzó a encenderlo.-¿Qué cosa?-Hana se acerco un poco mas.-¿Por qué me permitiste quedarme?-Pregunto finalmente. Isamu le dio una fumada a su pitillo y se lo quito de la boca, para después exhalar lentamente el humo y viéndolo como subía al cielo.-La pregunta sería: ¿Por qué decidiste quedarle?-Exclamo la Kaeru con una expresión desenfadada en el rostro. Hana lo miro con el ceño fruncido, pero algo sorprendida por lo que escuchaba. Bajo la mirada hacia la fogata y puso ambas palmas en dirección a la misma, tratando de calentar sus manos.-No… no lo sé.-Murmuro, claramente confundida por sus palabras.-Yo pensé que lo hacía porque no tenía ningún lugar al cual ir… no tengo familia ni amigos…-Exclamo, desviando su mirada al cielo.-Pero tenía a Konoha… sin embargo…-Entonces, y por primera vez, intercambio una intensa mirada con la Kaeru. Esta noto la mirada pero no dejo de observarla, esperando la respuesta que le daría.-Estabas tú. Siempre que pensaba en regresar, estabas ahí…-Musito, mirándola con pasión e incluso cariño. Era la primera vez que la miraba así, por lo que Isamu se sintió algo incomoda; respondió a esa mirada con otra más profunda, como si pudiera ver a través de ella.-Ya veo.-Musito, llevando su mirada al fuego. Sonrió y se dejo caer sobre su espalda, para ver el rojo cielo sobre ellos.
La noche había caído completamente. El fuego frente a ellos ardía suavemente, a punto de extinguirse. Las mochilas se notaban algo vacías y envolturas de comida se hallaban alrededor de ambas kunoichi, las cuales se encontraban dormidas cada una sobre una manta. O al menos, una de ellas estaba dormida. Hana, por otro lado, miraba el fuego con seriedad, inmersa en sus pensamientos mientras notaba como este iba desapareciendo poco a poco. A su lado tenia los troncos para avivarlo, ¿pero qué caso tenia? Iba a dormir ya, así que no necesitaba el calor de las llamas… necesitaba algo más. Suspiro y tomando las mantas en sus manos se levanto y camino en dirección a Isamu, la cual dormía con la sombra de una sonrisa en sus labios. Hana la miro con alegría y se agacho a un lado de ella, provocando que esta se despertara algo sobresaltada y la mirara fijamente, algo confundida.-¿Huh?-Hana se acerco un poco a ella.-¿Puedo… puedo dormir contigo?-Pregunto, completamente sonrojada. La Kaeru la miro sin expresión alguna, hasta que movió su sabana para darle un espacio a la castaña. Esta última se acostó a un lado de la morena y se hecho las mantas encima, de manera que estuvieran viéndose las caras.-Lo siento… hace frio…-Murmuro Hana. Isamu miro los troncos y pasto seco con curiosidad.-Pero aun podemos avivar el fuego…-Comento. Hana negó con su cabeza y miro fijamente a Isamu, mientras que lentamente el brillo producido por el fuego se extinguía, apenas iluminándolas. En su lugar se quedaba el brillo de los ojos de la Kaeru, iluminando el rostro de la castaña.-No… ya no lo necesito.-Dijo sonriendo. Isamu la miro por unos instantes con confusión, hasta que una sonrisa se dibujo en sus labios y abrazo a Hanasuki, acercándose lentamente al tiempo que el fuego se extinguía, dejando en oscuridad aquel claro.
Una hoja caída del árbol fue lo que despertó a Isamu. La muchacha se incorporo súbitamente, como si el contacto de la hoja con su piel la hubiera asustado. Abrió los ojos mientras se estiro, mirando a su alrededor y descubriendo que, para su sorpresa, se encontraba completamente sola; el lugar donde Hana se encontraba la noche anterior se encontraba vacío, y no había señales de ella por ningún lado. Su mochila, sus sabanas, incluso los paquetes vacios de comida habían desaparecido sin dejar rastro. A excepción de una pequeña nota sobre su torso, la cual leía: “Lo siento, Isamu-san… he de regresar a la Mansión. Después de lo de anoche… no creo que podría seguir a tu lado… discúlpame.”; Isamu sonrió y se levanto.-Vaya… así que así es como son las cosas…-Sonrió con dulzura y algo sonrojada, para después comenzar a recoger sus cosas y meterlas en la mochila mientras pensaba en como había pasado la noche. Su sonrisa perduro, incluso cuando siguió su camino, con energías renovadas.
- Fuera del Rol
- Continua en: El Pais del Colmillo.










