-¿Por qué ellos han traicionado a Suna?. Yo creía que estaban de viaje pero aquello en el despacho de la Kazekage fue entonces la prueba de su traición, lo único que espero es no toparme con ellos en el examen, aunque dudo que se presenten ya que no tienen a nadie que los mande o por lo menos eso creo- Pensaba el Seigyo cuando se situó al lado de su ventana para sentir el viento que acariciaba su piel y le despedía de su apreciado país y de su gente. Luego volteo su cabeza a la izquierda para ver su mochila repleta de todo lo necesario para la aventura y encima de su cama, la capa que negra y al lado de esta, una máscara color verde musgo con diferentes rayas color blanco.
Acto seguido, cogió todo y salió disparado al Este de Suna, cerrando su hogar y viéndola por última vez a unos diez metros distancia –Espero volverte a ver-Fue el ultimo pensamiento del Seigyo al inclinar sus piernas para iniciar su carrera por la aldea, dejando una estela de polvo que delataba su trayectoria mas no su ánimo. Primero inicio por sus conocidas calles, pasando por el mercado en donde los aldeanos lo reconocían y lo saludaban, quizás como una forma de despedirse o de demostrar afecto a uno de los pocos guerreros que quedaban en su aldea, cualquiera que fuese la intensión, Hanzo lo tomaba como una sincera despedida a lo cual él respondía con un vai-ven de su mano derecha.
Pronto ya había dejado atrás su aldea, viendo en la distancia los tejados hecho de arena petrificada y justo en el centro de la aldea, como si la protegiese, se encontraba el despacho de la Kazekage, un edifico tan alto que era fácil distinguirlo a la vista y del cual se podía ver todo su alrededor en una maravillosa vista que ya había sido presenciado por el mismo. No obstante, un destello desde el despacho le revelo al arenero que era observado en aquella travesía y aunque sus ojos no siempre estuviesen en él, las intensiones de su gente si y por ello, debía de esforzarse lo más que podía.
Allí en lo alto de la duna, el cuerpo del Seigyo se mecía al compas del viento, elevando por los aires su capa y dejando inmutable su máscara sobre su rostro –Volveré- Exclamo Hanzo, girando su cuerpo y caminar de espalda a su aldea que se perdía por las brisas del viento que despertaba al polvo que cubría a su aldea en la totalidad y tan solo un ojo experto podría identificar la existencia de algo en aquel lugar. Cada paso lo alejaba de la seguridad de su hogar y lo instauraba en un territorio más o menos conocido. Al poco andar, el suelo comienza a agitarse en una gran avalancha que parecía caer sobre el arenero quien se quedo inmutable como si supiese lo que pasaría y ante todo, el miedo no era parte de él ni lo seria en esta aventura. La arena caía y se partía justo por donde estaba el Seigyo, dejándolo a salvo y sin más que hacer que observar lo que emergía –Una cucaracha del desierto – Pensó al ver aquellas seis patas que se mecían en la arena y su lomo dorado producto de su dura coraza, sin embargo, la criatura tenía su cabeza descubierta y seria un blanco fácil de ataque si estaba pretendía herir al joven Chunnin.
La criatura movía sus ojos en unos 180° y se centraban en la presencia del arenero, reflejando su silueta en el iris viscoso de aquel ente que se tomo un tiempo antes de atacar, quizás quería infundir miedo en Hanzo, quien bajo su capa, extrajo una Kunai y se preparo para lo que acontecería. El insecto se lanzo en franca carrera hacia el Seigyo, este cargo chakra en sus piernas para dar un ágil salto por los aires hasta llegar al lomo de la criatura, al mismo tiempo activaba su habilidad otorgada por el entrenamiento de caminata vertical para adherirse a la resbalosa criatura y avanzar hasta llegar arriba de su cabeza. Allí inclino su cuerpo y le realizo una suave caricia para preceder el feroz ataque con el arma, sin embargo, antes de la estocada el animal se lanzo al suelo en un gesto juguetón. Lo anterior hizo dudar al arenero de encajar el mortal ataque y le ordeno a la cucaracha que caminase, la cual se paro y comenzó a seguir las órdenes indicadas.
Ahora el viaje sobre aquella criatura ha sido más fácil, ya que cubría grandes distancias sin esfuerzo y a una gran velocidad. Hanzo sentía el viento en su cara y observaba su estela de arena que dejaba aquel avanzar, las seis patas de la criatura se movían rápidamente y parecían que ondulaban una tras otra. Sin embargo, cuando todo parecía seguro, el suelo comenzó a temblar fuertemente, agrietando a la arena y elevando un pilar por unos tres metros. Allí enfrente del chico, una roca emergía de la nada y en la cima de ella, se encontraba un hombre vestido con diferentes ropajes color gris que ocultaban sus manos y rostro bajo un manto de oscuridad y misterio, pero lo que era claro, era un hedor a muerte que emanaba de aquel ser.
-¿Un drakar aquí pero si supuestamente no es su temporada de caza?- Antes de terminar aquellas palabras varios otras rocas salieron del suelo y sobre ellas más personas. Estas rocas comenzaron a acercarse rápidamente hacia el arenero en forma amenazadora, por lo cual este le ordeno a su insecto que comenzara a esquivar girando su cuerpo hacia el costado derecho. La bestia se movía con la mayor agilidad que su cuerpo podía otorgar, no obstante, este resbalo y golpeo una roca que se tambaleo y comenzó a caer en picada y que en un efecto dómino, la secundaron las demás.
El estruendo fue tal que los únicos sobrevivientes de aquel ataque fueron las personas, ya que las rocas, se desintegraron y aplastaron a la bestia, dejando bajo su cuerpo un mar verdusco de sangre que se colaba por la arena y se desparecía por esta. Hatori a dura penas se paro del suelo y se encontró con cuatro Drakar a una distancia de 5 metros con respecto al primero. El primer enemigo, alzo su mano y un fuerte viento golpeo cercano al Seigyo, quien inclino su cuerpo y salto hacia atrás para apoyar su mano en el suelo en dicho proceso y frenar en seco su acto al ver otra ráfaga de viento que se dirigía hacia su costado, para lo cual enterró su diestra en la arena y la giro apoyando su pierna izquierda también, para describir una pequeña y cerrada curva que produjo que la bola de aire impactase en el suelo, levantando un pilar de arena de un metro de altura que oculto al chico por unos segundos.
El Chunnin extrajo una kunai con su diestra y comenzó el ataque hacia el más cercano drakar, quien lanzaba una ráfaga de aire que se dirigía al pecho del guerrero, quien solo pudo cruzar sus brazos en forma de X frente a su pecho y soportar el ataque que lo motivo a retroceder producto de aquella fuerza. Sin embargo, apenas termino aquello, Hanzo lanzo su arma a la cabeza del atacante, encajándosela sin piedad. Este cayó al suelo sin vida y de aquello, el joven se acerco rápidamente para sacar su arma de la cabeza. Mientras que en su carrera en picada se dirigió al segundo Drakar, quien más hábil que el anterior, lanzo dos ráfagas que fueron esquivadas con un vai-ven de izquierda a derecha, las cuales impactaron por detrás del guerrero, el viento liberado lo impulso hacia adelante con mayor velocidad y bravura.
-¡Muere maldito!- Exclamo Hanzo, transformando su personalidad para girar su cuerpo mientras apoyaba su pierna izquierda para servirle como guía en este movimiento repentino con el objetivo de pasar a la izquierda del sorprendido y rajarle el costado, dejando a la vista las entrañas y la costilla. El afectado retrocedió, sin antes lanzar una ráfaga a la cabeza del Seigyo, quien dado la proximidad del ataque no pudo defenderse y la recibió de lleno. El perteneciente a Suna, retrocedió y se tambaleo por la fuerza del aire, desorientado el joven se tendió al suelo mientras los demás drakar se retiraban, sacando partes del cuerpo de la criatura.
Cuando los sentidos del chico volvieron en sí, la noche caía y la temperatura también seguía dicho patrón. Hanzo sabía que debía protegerse o perecería bajo la noche del desierto, por ende, decidió cavar el suelo con sus manos desnudas para enterrarse un poco más arriba de la mitad de su cuerpo, así aprovecharía el calor retenido por la arena para calentarse en la noche, protegido por una gran duna que se encontraba atrás de él y claro en contra el viento, para no ser tapado por los granos de arena que viajarían mientras el dormía. Allí, el Seigyo podía observar las estrellas que tintineaban y otorgaban un pequeño matiz celeste a su elemento materno en conjunto con la luna y que poco a poco, los sentidos del chico se desactivaron y lo dejaron en un estado semi-alerta mientras caía en un profundo sueño.
Las cabo de unas horas aproximadamente donde el sol aun no salía, aquella hora que aun no era día ni noche. Es el tiempo ideal para poder iniciar una travesía, un viaje se inicio para evitar el calor abrazador y efectos asociados a aquello. –Comencemos con esto– La actitud positiva del joven fue lo necesario para poder correr con gran entusiasmo por unas horas aproximadamente. Luego poco a poco, la vegetación comenzaba a cambiar, entre la arena se alzaban diferentes árboles y arbustos, que aunque aun reinaba la arena, esta nueva característica ya denotaba una pequeña zona de transición, donde la nueva vegetación y fauna serían peligrosas.
-Bah, que raro esta zona aun no la conozco, puede que esté en el extremo correcto pero...se detuvo el muchacho para poder observar su entorno con gran entusiasmo, sabiendo que su esfuerzo daba los frutos esperados. Aunque se encontraba cansado el joven siguió caminando por la arena con desgana mientras extraía una botella con agua y bebía sorbos pequeños para saciar su creciente sed.
Cuando aun se encontraba en el desierto, caminando relajadamente, una voz lo alerto y incito a que observara de izquierda a derecha con curiosidad mas nada se podía ver pero algo sentía en el entorno, de pronto a unos diez metros de distancia una figura humana emergió de entre la arena, al principio solo era parte de dicho elemento materno, no obstante, luego fue cobrando color y forma hasta parecer un guerrero perteneciente a Suna.
-¿Hatori?-Impelió con tono de duda ante el Seigyo.
-Si, ¿y tu quien eres?-Respondió el arenero con curiosidad.
-Pues eso no importa, pero debes cumplir con el objetivo, he sido enviado por la Kazekage para corroborar que has llegado en buen estado a esta parte de la aldea. Espérame un poco...El jounnin extrajo una radio y comenzó a hablar...Cambio, el chico ha llegado al punto de transición, cambio y fuera...Mientras hablaba por aquel accesorio se escucho un chirrido propio de las ondas que interferían con la comunicación –Pues bien, ya has sido informado, de ahora en adelante se pondrá a prueba tu resistencia, confía en tus habilidades y juicio para llegar al país. ¡Te esperamos de vuelta!-Al decir aquello, desapareció en una especie de humo, y tras estos una puerta de roca se encontraba en la distancia, Hanzo se acerco y observo las impresiones allí talladas para revelar lo que podría venir.
-El viento ya no reina aquí, solo tú lo haces…confía en tus habilidades e instinto para pasar los recónditos de la oscuridad, guíate por lo ilógico, sigue la niebla, cierra los ojos para ver y cállate para hablar-
Aquella frase tan enigmática caló hondo en la mente del chico, quien ya sabía que abandonaba su país para adentrarse en un territorio desconocido que según el mapa, no correspondía a ninguna jurisdicción, por lo tanto, podría ser cuna de bandidos y cualquier escoria de la sociedad.
- Fuera del Rol
- Esta es el primer tema de una serie de cuatros, con los cuales pretendo llegar a la zona del examen Chunnin. Cualquier duda se pueden comunicar conmigo. Cabe señalar que creo, y solo creo, que Apo me seguira, por ende, este post quedara abierto por si decide postear aqui. Además el encargado del examen podria tener sus propias dudas u cualquier otra cosa referente al mismo.





