-Quedaos aquí, a la espera de mi regreso.- Su voz fría y aparentemente sin sentimientos ordenaba a sus acompañantes permanecer junto a la embarcación. Un viaje sin contratiempos, pero algo más largo de la cuenta llevaba a Kumiko, la capitana del escuadrón anbu de Kirigakure a la Isla del Ermitaño, órdenes directas de la Mizukage que la agraciada kunoichi se disponía a cumplir.
En el extremo Este del País del Agua se encontraba la casa del ermitaño, dicho personaje conocía los sucesos que acontecían en las islas de dicho país, pues su sabiduría era insondable, profunda como un pozo y milenaria. La bella kunoichi tenía como tarea recabar información con la ayuda del anciano sobre el cielo rojo y todo lo que envolvía a este, así como otros propósitos que mostraría al asegurarse que dicho personaje no estaba afectado por la locura del firmamento carmesí.
Pasos tranquilos y a buen ritmo dirigían a la anbu -oculta tras su máscara y bajo una capucha larga de tonos azules- al centro de la isla, no parecía ser una gran extensión de tierra, por lo que esperaba dar con la casa del ermitaño o con alguien sin demasiada dificultad.












