Ryuga había finalizado su camino hasta el valle y recordó las palabras que hacía ya unos días le había dicho al extraño guerrero que le salvó del ataque sin sentido de Gin a la entrada de Raigakure
“Podremos vernos en unos diez días en un pequeño poblado cerca del gran abismo del rayo, el poblado de Kyokurinsho... Allí podremos continuar esta conversación... Si averiguas algo... Estaría bien saber el qué...”
Por ese motivo, tras colocar de nuevo el gran pergamino a sus espaldas y cubrir su cuerpo con el sobretodo negro y finalizando con la capucha oscura, comenzó a caminar buscando aquel lugar, pero para ello le quedaban al menos un par de días de viaje o tres. Su próximo destino, el bosque oscuro… El momochi había cambiado, había aceptado su destino como salvador y fundador de una nueva aldea. Ahora debía encontrar ayuda y tal vez ese tal Saga pudiera hacer lo que deseaba.
Poco a poco el chico sin sonrisa fue dejando atrás el extraño valle imantado que lo hacía un lugar perfecto para los infantiles juegos de los niños del país de la nube. Todo fue cambiando, hasta él mismo, pero especialmente el paisaje. El país de la nube no solía contar con una excesiva vegetación pero según iba acercándose a su primer destino tras la reflexión, iban apareciendo los primeros rastros de ella… De allí probablemente los aldeanos obtuvieran parte de los alimentos que usaban para comercio y sustento. No fue hasta pasadas un par de horas cuando unos enormes y frondosos árboles comenzaron a aparecer… El bosque oscuro…
El joven ninja decidió acampar allí y descansar antes de atravesar la espesura e aquel bosque por lo que buscó un recoveco para pasar la noche allí y parece ser que un ancho tronco vacío serviría para tal efecto. Una noche corta ya que muy temprano, podrían ser las cinco de la mañana el muchacho de violáceos cabellos ya estaba en pie…
--- Bien… es momento de atravesarlo… Quédate conmigo – susurró en voz baja dirigiendo sus últimas palabras a lo desconocido mirando el cielo aún rojo por aquella maldición ninja o sólo Dios sabe por qué… Pero aún así su fuerza de voluntad hacía que continuase en la oscuridad de aquella maravilla de la naturaleza de la cual empezaba a sospechar el por qué de su nombre. La frondosidad de sus árboles era tal que no dejaba atravesar la luz del Sol y es por ello que dentro de él parecía existir una oscuridad eterna, una infinita e interminable noche… Pero Ryuga tenía que seguir, olvidar sus miedos… Creía recordar que en aquellos parajes poían existir y habitar algunos miembros de los cuerpos de élite de Raigakure… Pero no sabía mucho sobre aquello, tan sólo que si entre ellos se encontraba aquel jounnin que no quería nombrar, lucharía hasta dejarle sin vida y vengarse por lo que trató de hacerles a él y su compañero sin ni siquiera pensarlo. Pero no hubo rastro de él ni de ningún otro, tan sólo inofensivos animales se cruzaron en su camino y cuando parecía haber amanecido hacía muy poco y a su salida…el segundo obstáculo que debía atravesar: La montaña Kamakiri.
Esta era extremadamente alta y precedía al gran abismo que debían atravesar para salir
Del país y que todo ninja de Rai debía alcanzar y atravesar si quería ser miembro de su aldea. Probablemente si seguía por allí alcanzase en poco tiempo el poblado en el que tendría lugar la reunión. Aunque no sería demasiado fácil cruzarla, y el clima no iba a ayudar ya que cada vez más se parecía a aquel que anteriormente le acompañó en el sendero de los pararrayos… lluvia, rayos… y más tormenta… Aún recordaba su llegada a la aldea, escalando riscos que parecían cuchillos afilados y que herían sus manos si se asía mal a alguno de ellos, y sus estrechos caminos en los que un despiste conduciría a un gran abismo donde caer y caer hasta probablemente encontrar la muerte golpeándose contra alguna gran roca para después ser devorado por multitud de animales salvajes… Pero el momochi confiaba en su equilibrio en su manera de recorrer aquel camino con la misma precaución que la primera ez pero con mucha mayor seguridad y confianza en sí mismo. Tuvo que detenerse unos instantes para tomar bocado en un entrante en la roca en el que aún había madera caliente, lo que podría indicar que alguien había estado allí cerca. Por ello el chico no quiso estar demasiado tiempo ya que era bien sabido por la mayoría de raigakurenses, la existencia de grupos de bandidos por la zona, y si una de las razones por las que había tomado el gran pergamino había sido para no dejar expuestos los secretos del rayo, no quería tentar a la suerte. Pero no hubo ningún problema ni se cruzó con ningún ser humano, y a la noche casi divisaba ya el poblado Kyokurinsho.
Dentro de poco volveré a ver a aquel chico dijo el adolescente para sí mismo mientras observaba cómo el paisaje había cambiado de nuevo… Parecía un cenagal aunque más limpio, más bien podríamos hablar de pantanos que parecían estar preparadas para el entretenimiento y el baño de los habitantes de aquel lugar. Por eso ascendió a un árbol y acurrucándose en una gran rama durmió apoyando la cabeza en el pergamino...
--- Bien el día ha llegado – dijo en voz baja como si estuviera dialogando con alguien sin que nadie hubiera a su alrededor. El chico cuyos cabellos violetas se movían al aire se introdujo en apenas una hora en el corazón del poblado… Había pasado casi una semana y debía encontrarse con aquel chico para terminar una conversación, por lo que cruzó la entrada al poblado y se introdujo en una pequeña taberna, que posiblemente fuera la única de aquel lugar, por lo que una vez dentro tomó asiento en una alejada y esquinada mesa, en semioscuridad y una joven le trajo un refresco sin gas que pidió anteriormente y se limitó a esperar… ¿Llegaría...o no estaría dispuesto a seguir con aquella conversación...?









