Los enormes bosques del Fuego habían desaparecido, y el litoral norte del país (cerca de los limites con países como la Nube y sus vecinos) se extendía como una línea lisa a lo largo de todo el limite costero, interrumpido a ratos por acantilados y roqueríos, entre los que proliferaban las bahías escondidas, villas de pescadores y al menos una ciudad comercial lo suficientemente grande como para tener un puerto respetable.
-Si voy por aquí…. Err… -se había detenido para echar un vistazo a su mapa. No era muy ducho en cartografía, por lo que se perdía con facilidad, pero al menos ahora había hecho un buen trabajo y la modesta ciudad portuaria se hallaba prácticamente frente a él.
Una ensenada protegía la ciudad, geográficamente ubicada en el centro, emplazada en varias cuadras y manzanas en disposición de damero, todas ellas muy pobladas con casonas de techos triangulares (fuerte característica de todas sus edificaciones). Era lo suficientemente grande como para abrigar miles de almas, había cantidad de posadas y suficientes centros de entretención diurna y nocturna como para divertir a los marineros que de todos los puntos (principalmente del país del Agua y del Mar) llegaban cada semana.
Con el ánimo alto, Brandon se acomodo su camisa gris de kung fu, sus pantalones grises de lino, y aseguro las alpargatas con unos golpecitos al suelo de punta. Bajo los pliegues de su pantalón y camisa, la bandana de Konoha hacia las veces de cinturón y en su porta-kunai y bolso de cinto al traste, guardaba su dinero, armas y algunas herramientas, como un poco de cuerda (y el mismo mapa). Viajaba de equipaje ligero, consiguiendo las provisiones necesarias en el camino y el agua en los arroyos y ríos.
Pasando bajo un enorme arco (el lugar no contaba con ninguna muralla ni empalizada que se le parezca) la ciudad le dio la bienvenida, viendo finalmente su nombre real, que su mapa había nombrado solo como “Ciudad Portuaria Pequeña”: Perla de Mar. El bullicio fue inmediato, era apenas mediodía y los mercados estaban a toda máquina, con pescadores que ofrecían sus pescados, artesanos que ofrecían sus artesanías y toda una pila de tenderetes desde los que no paraban de gritar: -¡Lleve de lo bueno caserito!
-¿A cuánto las almejas?
-Por ser usted solo unas cuantas moneditas…
Unos minutos más tarde, el Toku se encontraba sentado en un rincón del muelle, las piernas colgando, y con una malla de limones y otra de almejas a cada lado, abriendo una a una con un kunai, llenándola de limón y comiéndosela de un sopetón. Salvo por él, en el muelle no había muchas más personas, pues la mayoría estaba en sus hogares almorzando o tomando la siesta…

- Fuera del Rol
- Geográficamente, la ciudad (que esta en el continente y sera el punto de partida de la aventura o.ó) esta al norte en el país del fuego, a la costa (cerca de las fronteras con los países del norte y la Nube).









