El calor del desierto y las fuertes ráfaga de viento son dejados atrás con cada paso que da, los recuerdos de un adiós que no existió no vale la penar memorar, simplemente aquel día decidió salir a caminar en busca de algo o alguien que no conoce ni ha visto jamás, sus pasos como rayas en el agua son borrados por el viento y el tiempo a su andar, atrás quedaron las dunas y la aldea, el pasto ahora es quien acaricia sus pies, rociado de blanco sereno de atardecer humedecen levemente su kimono de blanco color, más arriba en su cuerpo continúa esta vestimenta a cinchada en el cinto con un pedazo largo y angosto de tela negra, su pecho semi-abierto bajo el cuello deja ver la piel blanca de aquel que no pertenece al país, de ojos rasgados y sonrisa pétrea un rostro manchado por risa y odio, vida y ocio anteceden a la cúspide de su maceta donde un blanquecino más bien plateado cabello cae por las orejas, la nuca y parte de su frente atravesando con gracia los ojos entrecerrados y arqueados de aquel joven, quien con manos dentro del traje y unas sandalias hechas de totora avanza lentamente hacia su destino.
La noche se hace presente y el abrazo de morfeo se lleva consigo la energías de muchas de las criaturas matutinas, dándole fuerzas a otras que por la noche se levantan a vivir. El viajero que ya con 2 días a cuestas de intensa caminata no se ve en buenas condiciones físicas ni mentales, se aproxima a lo que cree ver es un pueblo. En la entrada del lado norte se yergue la figura de un ninja sin rango, la silueta de un joven sin nombre y de un hombre sin sombra, se yergue algo tambaleante la figura del peli plateado quien con un paso rompe el silencio de aquellos que estando de juerga no se quedan a observar ni averiguar de quien se trata, su bandanda por precaución la lleva amarrada dentro del kimono en la parte superior del brazo izquierdo. Entra en la primera posada que encuentra sentando su cuerpo cerca de la barra observando a la camarera...
-Busco un lugar donde dormir- la voz amable del joven se dirige a la muchacha... -y tal vez un trago antes de... los ojos de aquella camarera al oír las segundas palabras tomaron color y sin decir palabra alguna, sirvió un vaso pequeño de sake... Aoshi sin despreciar el gesto lo tomó lentamente con su mano izquierda y arqueando su cuerpo hacia el mesón, acercó el brebaje hasta sus labios sin tocarlo, para volver a dejarlo en la mesa, pagar con unas monedas de cobre, levantarse y marchar del lugar, antes de salir se pudo escuchar como una serie de borrachos se pelearon por aquel licor. Las puertas giran y el joven ya no está. Parado en otra posada de mejor aspecto y de mayor tamaño, entra con la cabeza gacha y mirada sonriente, vuelve asentarse en la barra y hace la misma pregunta a un hombre de bigote blanco quien se acerca lentamente limpiando un vaso de vidrio con un trapo sucio y le responde -Tenemos 2 habitaciones, no están en muy buenas condiciones pero... te servirán... te interesa ver alguna de ellas?...- el ninja quedó pensativo unos segundos antes de responder y asintió con la cabeza levantando su cuerpo del asiento y acompañando al cantinero... en el segundo piso 2 habitaciones libres, una de cada extremo, se dirigen a la derecha en primer lugar, parados frente a la puerta dando la espalda a la cantina como en película de cow boys entran, Aoshi observa y se queda en el cuarto, antes de que el cantinero se retire le dice -luego bajo por aquel trago, ya puede dejarme solo-...
Asentado en el lugar, de momento, el ninja descargó su mochila cargada en su espalda por largos días y se tendió en la cama tomando un profundo sueño de 4 horas para cuando despertó ya eran cerca de las 2 de la mañana, se levanta lentamente del catre y esconde en el entre techo su equipaje, saliendo de la habitación, cerrando con llave y bajando a la cantina a beber aquél trago. El lugar estaba lleno, mujeres sirviendo en diminutas prendas, borrachos jugando cartas y apostando en un rincón poco iluminado, alguno que otro ebrio en la barra dormido y unos pocos al parecer bandidos que lo observaban como a todo aquel que pasara.











