La total oscuridad rodeaba al Kaguya completo, una oscuridad silenciosa con imágenes de seres indescriptibles, de un hermano sádico y traidor, de unos acontecimientos infernales... Todo lo que resultase extraño, se introducía en la mente de ese chico. Un ruido escuchando en la lejanía retumbando sus cavidades interiores le puso los pelos de punto, con solo pensar lo que podía alberga detrás de ese alarido espeluznante encogía todo el cuerpo. Más tinieblas, mas cerrazón. Gotas de sudor caían por su frente de este chico llegándoles hasta la barbilla, otras se quedaban a medio camino como abandonadas a la intemperie, su antebrazo quería limpiárselas pero un fuerza misteriosa se lo impedía. La dedos del debilucho guerrero se apretaron hacia adentro hincándose las uñas en la carne, aquella zona se veía rojiza por la fuerza que estaba ejerciendo. Una de las piernas del Shinobi dio señales de vida doblándose como acto reflejo, pero seguidamente volvió a ponerse en posición, talvez fuera una espoleo de tu torturada mente. Esa escena olvidada hizo que se repitiera constantemente en su interior, rebotando en cavidades como una pelota de goma chocando contra las paredes de su intelecto. Las palabras de un tiempo muerto empezaron a esclarecerse con nitidez, su mente empezaba abrirse a los nuevos episodios que le estaban circulando por todo su conocimiento, eran imágenes que habían marcado todo una vida hechos que no llegaba a entender, golpes de fortuna, favores que no conseguía deducir, batallas que nunca ganaría, lagrimas de un dolor ajeno, carcajadas de un preciado amor, era como si las voces del pasado le llamaran fotografiando sus últimos momentos. Snein buscando repuestas a esa continuas preguntas, la información le seguía entrando amontonándose más en ese problema. Nuevamente esa contundente voz se volvió a meter clandestinamente en su testa, los ojos del peliblanco se abrieron y una luz blanquecina se impregno en toda tu retina, por los visto a pocos pasos se observaba a Zoro pateándole para se levantara.
Snein quedo unos minutos transpuesto mirando por entremedias de sus desnudos dedos que se había procesado hacia los ojos, el cuerpo del recio guerrero de las arenas con un escalofrió cortante, no sabia el porque de aquello, ni como había llegado hasta allí. Lo ultimo que recordaba era haber estado aguantado desde su cubil una puerta, donde un inmenso Kraken la estaba destrozando, todo lo que le había hasta ese momento desde que había despertado en esa cueva era un galimatías absurdo sin ningún solo recuerdo que pudiera esclarecer la situación que le acontecía.
- ¡¡¡ Ooooh mierda !!! – exclamo el Ninja de Oto - ¿ por que tanto jaleo Zoro ?
El peliverde solo acertaba a decir que por fin había llegado, esa fortuna de las bayas milagrosas, señalando hacia una intrigante y enmarañado bosque muerto donde reposaban algunas bayas entre sus ramas. El Kaguya se levanto como pudo distinguiendo al Kumo inconsciente, los tres muchachos parecía tener sus ropajes desusados, posiblemente el combate contra ese pulpo gigante había terminado como el anterior en las alcantarillas, sin darle demasiada importancia y felicitándole a Zoro por haberlos salvado de nuevo.
- Creo que estamos dado mucho trabajo – le dijo el chico a su compañero – volviste a librar solo un combate mortal con ese calamar gigante. Por cierto ¿ eso de allí no será.... ? – el demente guerrero del arroz dejo esa pregunta sin terminar, parecía estar racional dirigiéndose despacio hacia ese perímetro.
Los pasos lentos pero seguros comía terreno. Un suave soplo aromatizado con flores y hierva mojada, se coló en el interior de sus fosas nasales junto con unos picores como si realmente hubiera polen en el ambiente. Los ojos de joven se abrieron aun más, su pelo largo tapaba uno de esos ojos rijoso refugiándolo en su seno. Su cara ahora mostraba mejor aspecto, estaba reposada entre el balanceo de esos frutos. Los dolores de cabeza y las nauseas se alejaron en cuanto puso el primer pie entre la separación de la cueva vacía de hielo y el fresco aroma de esos silvestres frutos colgando de los árboles. Las manos de Snein se estiro, rozando cálidamente el cuerpo de una de las bayas, a la vez que hacia fuerza para arrancarla.
- No te servirá, si la comes de las ramas, esas no están maduras – una voz en el interior de ese bosque mágico se escucho con el de una mujer anciana.
- ¿ Quien lo dice ? – respondió el Kaguya, indicando a Zoro para que se pusiera en guardia y rodeara al desconocido por otro flanco diferente.
- Nadie importante, pero tomarlas ahora seria como comerse una pera, no obtendrías el poder de las bayas milagrosas.
El Ninja de Oto arqueo la ceja hacia arriba quedándose un poco perplejo, por lo visto a leído bastante sobre frutos prohibidos pero en ningún escrito dijera que tuviera cualidades de poder. Lo que si indicaba esos textos era lo codicioso que podía ser ante grandes guerreros, pero más bien lo indicaban como una fruta de buena suerte, a eso iba a conseguirla y luego a venderla en mercado negro. Pero esa voz le había hecho preguntarse que clase poder tenia esas bayas, necesitaba averiguarlo, adentrándose un poco más hacia interior de ese bosque. Poco a poco empezó a vislumbrar un bulto, amasándose ante esa luz brillante y horneándose en una silueta de una mujer obesa sentada en un banco de piedra y haciendo ganchillo, haciendo parar a 4 metros a Snein y observando a su amigo peliverde por si hacia algo extraño esa mujer.
- Nos gustaría tener ese poder – le dijo tajante el peliblanco a mujer mayor, haciendo que esta se girara sobre el chico para mirarle de arriba abajo.
- Mmmmm..... ¿ Estáis preparados ? – pregunto esa anciana, esta vez a los dos con una mirada a Zoro.
Vida: 33 – 3 = 30
Chakra: 19 – 15 = 4







