- Fuera del Rol
- Entrenamiento impuesto por Kira.
Dias: 2
Lineas: 40 minimo
Terreno: A tu gusto.
Clima: Frente frío en ambos días
Día uno.
El guerrero blanco, el demonio de las estepas otonianas, el loco luchador de mente perturbada, Karroto. Se encontraba un día más en lo alto de esa solitaria montaña, donde las nubes se fundían con la calma y el sol se reflejaba entre las lagunas del valle de las almas. Los ojos rojizos del ser chiflado leía con atención el libro, ese enigmático manuscrito de sus antepasados. Dejándose llevar por las leyendas de sus ancestros, aprendiendo a controlar las técnicas que en él se presentaban. En esta ocasión el capitulo que hacia referencia al blanco lector, no era más ni menos que la Púas de Hueso. Un jutsu realmente fácil por la simplicidad de esa formación, pero a la vez complejo por la manera de narrarlo o estudiarlo, exponiendo sus actos a la vida cotidiana. El peliblanco no perdió el tiempo en divagaciones que no le llevaría absolutamente a nada saliendo de aquel oscuro Dojo a los paramos frondosos, donde en esa mañana las fuertes ráfagas de vientos golpeando de sur y del oeste le hacían imposible andar o crear acciones que ejecutara, colocándose a pocos metros del umbral del techado de la entrada relajándose para empezar con los entrenamientos que le llevaría a tener el conocimiento de ésta misma creación para deleite de sus movimientos.
El peliblanco empezó como siempre el juego de la formación mente, control, tensión, fuerza, relajación, energía, poder. Entrando en ese mundo de la fantasía, de lo paranormal, reflejando sus instintos o línea de sangre a la pura realidad. Los Shinobis eran personas con una fuerte inclinación al Yin y Yang, abriendo fácilmente los puertos cerrados de su espíritu y expresando su misterio al exterior en forma de impactos súbitos que rodeaban la figura del ejecutor con una fina capa. Lo cierto era que todos los ninjas tenían más que aprendido ese adiestramiento, las cientos de horas en la academia, en las salas de instrucción, en las lecturas de la biblioteca, les hacia verdaderos entendidos en ese campo sin perder su dominio por ruidos molestos que se pudieran encauzar en ese lugar. Y aunque algunos de estos jóvenes guerreros tuvieran problemas mentales, algo de todo aquello se les grababa a fuego lento en su cerebro para exteriorizarlo en momentos en el que el presente los requería. Karroto, perdido gladiador de esquizofrenia galopante, se adaptaba a sus formas de combate con simpáticas visiones de unas neuronas chisporroteantes, emanando en esta ocasión un mayor brío azulado a los brazos para que la siniestra formación de su linaje se reflejara entre los músculos de los brazos. El ardor del interior le molestaba alzando sus brazos más arriba para que el viento de la mañana se los refrescara, aquello fue una mala decisión pues el golpeteo de la racha en las misma muñecas hizo perderle el equilibrio, dándose de bruces contra el suelo y perdiendo momentáneamente su estado de lógica. Ese chico espoleo la cabeza un par de veces para entrar en su raciocinio de persona entendida, volvió a erguirse en posición y esta vez haciendo que sus pies exhalaran chakra hacia la superficie del suelo para asentarse en esa posición, necesitaba asegurarse antes de empezar de nuevo con la maniobra. Aquellos pies se pegaron al suelo como un potente pegamento entre la hierva, poniéndose recto entre los procedimientos de poderío y llegando al punto donde había caído por ese pujante impacto. El soplo de Sur apaleo de nuevo haciéndole balancear de un lado a otro como un pelele, pero la mente del chico ya estaba en otra parte dejando que sus brazos se calentaran hasta llegar al hueso de su esqueleto, varios puntitos blanquecinos se empezaron a reflejar entre la piel levantando los pelillos por la fuerte electricidad. Más golpeteos, una inclinación algo desmesurada apoyando una rodilla en la alfombra verde. Aquel día hacia imposible concentrarse en ese ejercicio, pero ciertamente aquella climatología le venia de perlas. Intentar aprender una técnica en esas condiciones le podía abrir muchos puntos a favor a la hora de librar un combate, siguiendo con el poder de sus huesos y afilando las pequeñas puntas entre esos poros. Más de cuatro horas estuvo con esa formación, solo pudiendo llegar a mostrar un mínima parte de ese ejercicio, hora de ir a comer y ponerse a descansar.
Cuando el peliblanco se dirigió otra vez al campo de entrenamiento, los fuertes vendavales no se había quitado lo más mínimo, teniendo que empezar con el calentamiento en esas condiciones. La tarde fue igual de lenta que la mañana, empezando con el poder de su estomago para distribuirlo a los hombros y de allí hasta los contenedores de bíceps, tríceps, muñeca. Poco a poco iba amasando su jutsu con esas agujas de los poros, siendo casi escalofriante ver como la sangre de clan Kaguya podía malear de esa forma sus huesos. El fuerte armazón blanquecino se tornaba resistente, dándose en algunas ocasiones golpes contra algunos árboles, gradualmente eso aprendizajes se colmarían del conocimiento para la final actuación de todo aquello. Cuatro horas más y la noche se hizo tajante, hora de entrar en el dojo, comer algo y dormir. Esa noche el aullido del viento rugía devorador, ese díos soplón no le podría las cosas fáciles al joven guerrero.










