Aquiles
-Jajaja - Una suave carcajada resonaba por el recinto silencioso, fue suave y en tono bajo pero el eco de la sala la difundió de forma violenta y estruendosa, provocando que los pocos presentes dejaran momentáneamente lo que estaban haciendo para dirigir su mirada a el joven de cabello negro y con blanca vestimenta sentado en un lugar apartado de la biblioteca. La encargada del lugar dedicó una severa mirada al joven y este intuyendo el reclamo se disculpo en voz baja. – Lo siento...- Pronunció Aquiles recomponiendo en su rostro la seriedad más acorde con el ambiente.
Volviendo nuevamente su atención en lo que hacia, el médico pasaba su dedo pulgar y anular derecho por sus parpados para limpiar la humedad de sus ojos, había reído estrepitosamente, siendo algo inusual el motivo, siempre mantenía una mente abierta a todas las posibilidades, pero lo relacionado a las teorías mitológicas le desconcertaban y mostraba escepticismo muy marcado hacia esa tendencia de investigación.
Era una mañana normal, transcurría en la aldea del rayo un día tranquilo y sin mucho sobresalto, Aquiles, un joven médico, solía visitar con frecuencia la biblioteca para llenar su mente de conocimiento, era su pasatiempo, vicio, virtud y defecto, pues algunas veces tomaba puntos de vista tan abstractos que ofendía sin darse cuenta al intentar entender algún hecho o situación, no era humilde pero tampoco presumido de su inteligencia, se comportaba de la forma adecuada al momento para aprovecharse de la situación lo mejor posible.
Ese día en particular salió desde muy temprano de su habitación para ir a la biblioteca y estudiar un poco. Así fue que revisando entre libros viejos de una estantería apartada de la biblioteca, se encontró con uno que llamó su atención, sus paginas gruesas y amarillentas indicaban el tiempo de existencia, años, quizás décadas de guardar la información en su interior. Lo interesante y lo que mas llamó la curiosidad del joven de ese ejemplar, fue el contenido, al intentar leerla no le hallaba sentido, la simbología era desconocida para el. Forzando su comprensión intentó vislumbrar que era lo que describían los extraños dibujos y nada pudo conseguir. Este hecho singular despertó profundamente su interés y llevado por ese deseo, se dedicó en traducir y entender el significado de aquel libro.
Preparaba así su investigación tomando de entre las estanterías, ejemplares que le ayudaran, diccionarios, informes y pergaminos e incluso un libro de niños de data antigua con algunos dibujos en su interior. Algunas horas habían pasado hasta que el joven pudo comprender el significado de esas runas, se trataba de una forma de escritura primitiva y bien documentada, lo que de alguna forma le facilitó la tarea.
Sobre la mesa en la estaba, varios libros y pergaminos abiertos en paginas diferentes, mostraban caracteres extraños al usado en ese momento, algunos libros tenían la portada vieja y otros tantos tenían hojas onduladas, claramente de material distinto al usado en la actualidad. En el lado izquierdo unas hojas y una pluma dispuestos para anotar, en algunas páginas regadas se apreciaba la letra del médico, con anotaciones que realizaba cada vez que detectaba algo en su búsqueda. Sin duda alguna se divertía, su mente ágil trabajaba a una velocidad superior mientras leía, comprendía y anotaba.
Cuando por fin pudo entender el origen de las runas e identificar de que trataba el libro escogido, soltó su risa, no esperaba que se tratara de un documento teológico y por ello se sintió un poco decepcionado, sin embargo, al enjugar sus ojos y enfocarse nuevamente en el escrito, decidió continuar su traducción. Esta vez organizó un poco el montón de papeles y memorizaba los símbolos de los documentos, poseía el joven una memoria prodigiosa y por ello avanzaba tan rápido en sus investigaciones.
La lectura y traducción prosperaba, ahora tenía la clave y cada vez hacía menor uso de referencias para identificar las runas, era capaz de leer líneas sin ningún problema y se detenía solo en contados casos. Esto le agilizaba la lectura, por lo que ahora podía dedicarse a comprender el significado y para ello continuaba haciendo uso de historias y anécdotas escritas para saber de quien o que nombraba el libro.
Era una historia que rememoraba los inicios de la aldea, cuando en épocas antiguas, los aldeanos y personas del país de la nube, veneraban a Raijin, deidad del rayo de quien contaban era su protector y sus hazañas eran ejemplo para los habitantes. Era una historia interesante, por supuesto muy subjetiva como todo lo religioso, pero no por ello dejaba de ser atrayente. Un apartado en particular despertó el interés del joven, decía que se construyó un monumento en honor de la deidad, y que el interior poseía una escalera que conducía a una recamara llena de tesoros. El pulso del joven se aceleró, no podía evitar la codicia y de inmediato pensó que si llegaba al lugar, podría hacerse de los tesoros.
Animado como estaba, comenzó a preparar su expedición, cargó los libros que no necesitaba y los colocó nuevamente en la estantería, dejando solamente el libro objeto de su estudio fuera, además de sus anotaciones. Ordenó el lugar y se dirigió a la encargada, lleno un formulario para retirar el libro como préstamo y se marcho del lugar.
Al salir de la biblioteca, la mañana apenas si había avanzado, aún quedaba algunas horas para el mediodía y era tiempo suficiente para preparar su expedición, se había decidido pero antes debía arreglar todo para su búsqueda, y con ello en mente se dirigió a su habitación para alistarse.
FDI: Aún no se encontrarán conmigo pues no he salido de la aldea.
Ritua
Código:
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Anque estaba un poco lejos a pie nos estabamos dirigiendo a la Ciudad de Glare que era el lugar más cercano, y quizá de ahí nos moveríamos a más lugares pues la chica quería recorrer el país y yo estaba disponible para mostrárselo. Esa chica, cabello azul con una boina negra, se me hacía bonita y nada peligrosa, aún cuando mi condición de ninja me haría una persona desconfiada en teoría no sentía como si ella fuera una amenaza, y aunque lo fuera yo sabía defenderme.
En mi abrigo blanco estaba guardada mi flauta del clan Takuya y mi dinerito, y sólo eso, en realidad no tenía planeado más que un paseo cuando salí de mi casa, pero era suficiente con lo que llevaba pues yo solía estar preparado para situaciones imprevistas. Miraba a mi acompañante, observando sus reacciones e imaginándome que tipo de persona era.
-¿Cuál es tu color favorito?- le pregunté para conversar un poco y que el camino no fuera aburrido, además que yo tenía mucha curiosidad de conocerla mejor.
Sasumi
La kunoichi caminaba tranquilamente mientras de vez en cuando se acomodaba su cabello azulado, por alguna extraña razón la chica le gustaba tenerlo siempre bien arreglado, pues todo el tiempo se fijaba bastante bien como conservar su apariencia. Eso sin lugar a dudas era extraño para una ninja que muchas veces tendría que estar desarreglada y sucia en los momentos donde se enfrentaría al peligro cara a cara. En este caso Sasumi estaba obsesionada tanto con ese tips, que durante el viaje tuvo que detenerse y esconderse detrás de unos árboles para cambiarse la ropa a una más relajada, o eso era lo que ella pensaba.
La peliazul en esa ocasión llevaba puesto un hermoso kimono color negro con detalles plateados en las puntas, dejando figurar algunas flores de loto plasmadas en la tela, estas poseían el mismo color que los detalles. La ropa que ella utilizaba se veía fina y sin dudas causaba que su cuerpo se viera completamente hermoso y embellecedor, destacando cada una de sus cualidades para sus escasos dieciséis años. A todo esto la jovencita aun llevaba su cabello suelto, decorado con la boina negra y un hermoso prendedor en forma de escorpión en el costado derecho, este ultimo objeto de por si derrochaba gracia y presencia, pues era muy difícil de describirlo.
-Pues… me gusta mucho el azul, porque es un color tranquilo y me hace recordar al mar… que es algo inestable…-
Contesto tranquilamente la chuunin mientras observaba el manto oscuro y sonreía, ella a simple vista parecía una princesa o alguien de la realeza, pues no tenía ningún tipo de apariencia hostil y guerrera, más bien era todo una dama.
-¿Y a ti?-
FDI: perdón por lo escaso y simple, es súper tarde y no quería demorarme en la respuesta.
Ritua
-A mi también me gusta mucho el azul. ¡Qué coincidencia!- le respondí a la ahora más embellecida tipa de cabello azul, se había cambiado de ropa tras unos árboles y ahora llevaba puesto un kimono, cosa que capto mucho mi atención pues para mi era una prenda exótica y muy llamativa, además que la forma en que la llevaba puesta sugería mucho su figura. Sus senos y sus nalgas se notaban muy bien pero no de forma vulgar e indecente, sino más bien con una sútil curva que los hacía casi irresistibles. Sin duda se trataba de una persona muy fina, quizá la hija de un magnate o empresario. Yo empecé a sentirme un poco abrumado debido a esto, esa chica estaba tan hermosa que sentía que no merecía caminar a su lado.
*Me pregunto si yo podría verme tan hermoso como ella si estuviese arreglado de la misma manera* esto era lo que pensaba mientras me imaginaba a mi mismo vestido con ese kimono que llevaba puesto Sasumi, quizá no me vería tan mal... pero tenía esa sensación que nunca llegaría a ser tan atractivo como ella, lo cuál me hacía sentir un poco de pena.
Después de la respuesta que le dí acerca de mi color favorito miré al piso y me quedé callado unos momentos, estaba muy pensativo debido a todo lo que pasaba por mi cabeza, luego traté de despejarme un poco y continuar con la conversación:
-¿Qué comida es la que te gusta comer más?-
Código:
Tema libre = No hay orden de turnos definido, cierto? Tratemos de hacerlo ágil para avanzar bien o.o
Sasumi
Sus pasos eran tranquilos y delicados, pues lo que ella deseaba era disfrutar el momento ya que la compañía de ese hico no era mala… y lo mejor de todo era que hablaba bastante, por lo tanto la Kurosuki no tendría que preocuparse tanto por si hablaba mucho. A todo esto la joven aun mantenía su atención en las cosas que le rodeaban y los cambios de ambiente que podrían llegar a sufrir el lugar por donde ellos caminaban. De por si la chica poseía bastante precaución ante ese hecho, pues no deseaba ser capturada por la aldea que abandono en un pasado.
La muchacha de orbes celestes logro escuchar lo que su compañero le emitía, logrando que ella sonriera de forma divertida y bastante animada, ya que ambos parecían coincidir en algo; pero de cierto modo la segunda pregunta que Ritua ejecuto, causo que la chuunin se quedara unos momentos pensativa mientras levantaba su brazo derecho y llevaba sus dedos hacia los cabellos azulados, para ponerse a jugar con ellos, pues ese pequeño tic demostraba que la Kurosuki estaba pensando bien la respuesta porque ella jamás se había preguntado esas cosas… ya que siempre lo único que le habían gustado eran los dulces.
-Ahora que lo pienso… nunca me lo puse a pensar, a mí siempre me gustaron los dulces pero eso no es una comida… así que si tuviera que elegir algo comestible…serian los onigris y las pastas…-
Finalizo con una sonrisa mientras entrecerraba los ojos de forma delicada y continuaba caminando. Aun la chica poseía algo de dudas ante la respuesta que dio, pero fue lo único que le ocurrió y verdaderamente después de los dulces a ella le encantaban las pastas.
Mientras tanto la chica miraba nuevamente hacia todos lados, estaba emocionada y quería llegar pronto hacia donde se estaba dirigiendo, después de todo la paciencia no era una cualidad de Sasumi.
-¿Qué comida te gusta a ti?-
Ritua
-Qué bien- escuché la respuesta de Sasumi y correspondí a ello contestando después su pregunta: -A mí me gusta mucho el plátano, las zanahoria y la berenjena... ¡Ah! y el higo también- mis palabras eran alegres, me gustaba ese ambiente de tranquilidad además que la charla estaba muy buena con Sasumi, apenas comenzábamos y parecíamos tener buena química.
De pronto sentí el deseo de ponerme un poco más serio y cuestionarla acerca de las circunstancias en que ella me encontró, pues no dejaba de ser algo extraño:
-Oye al principio...- hice una pequeña pausa pues iba a cambiar un poco el tema -Al principio cuando me viste, y me dijiste eso de que estabas aquí para sentirte libre. ¿A qué te referías? No necesitas darme muchos detalles si no quieres, pero me parece extraño y no logro comprenderlo bien- hablé con un tono ingenuo y curioso, no había ninguna doble intención en mí, sólo quería escuchar aquello que tenía que decir la muchacha, parecía no querer hablar de ello al inicio pues sólo respondió con esas frases un poco vagas, como ocultando algo.
No me era indispensable saberlo, por lo menos no ahora mismo, podríamos cambiar el tema de la conversación de nuevo por otro más relajado si era necesario o bien quedarnos en un largo e incómodo silencio debido a la renuencia de la chica por hablar con la verdad.
Aquiles
Por las calles se sentía el bullicioso, las personas haciendo sus compras, los amigos charlando y los niños corriendo por doquier en su eterno juego "de corre que te alcanzo", algunos se habían cruzado por el camino del joven Aquiles, quien envuelto en un traje blanco de estilo oriental kung fu, se dirigía al área residencial, en sus manos portaba un libro viejo, sostenido con la izquierda mientras con su mano derecha pasaba las páginas de atrás para adelante y así consecutivamente, no tenía orden alguno, era como si comparara la parte final con la inicial.
Absorto en la lectura, tropezó una que otra vez con alguien que caminaba en dirección contraria, alo cual solo levantaba su cabeza y hacía un gesto amable mientras decía.- Lo siento...- para continuar andando, el médico sabía que una disculpa a tiempo de forma amable le evitaría que le interrumpieran en sus actividades, para el era importante lo que leía y su táctica le ahorraba disgustos.
De pronto se puso a pensar acerca de la expedición que se le ocurrió hacer mientras estaba en la biblioteca, ahora que estaba más calmado analizaba las ventajas de un a busqueda de ese tipo.
¿Y si no tiene nada, y solo son historias de esa gente como tesoros y regalos divinos?....sería una absoluta pérdida de tiempo...- Se cuestionaba el joven, sin embargo, su resolución se mantenía viva como la llama del fuego en verano, con la fuerza del viento que se impone en el otoño, así era la determinación de este médico. Sin embargo, algunas cosa preocupaban el éxito de esta búsqueda, el era una persona avariciosa y eso quizás no era algo muy bueno para un investigador. El sabía que de seguir con su aventura, tendría que enfrentar su deseo de conocimiento, por el deseo de riqueza.
Ya llegaba a su casa el chico y traspasando el umbral de la puerta de su habitación adquiría nueva semblanza, ya se ocuparía luego, por lo pronto necesitaba preparar su expedición y el primer lugar que visitaba era su hogar...
Sasumi
Sasumi miraba extrañada a su compañero que después de contestarle mostraba una expresión mas seria, para después proseguir en preguntarle otra cosa a la chuunin que al escuchar dicha pregunta, la chica se puso seria también para acomodar un poco su boina negra y suspirar con algo de nostalgia. La muchacha parecía estar recordando varias cosas pues sus ojos miraban hacia el frente pero no enfocaban ningún objeto en especial, la situación era extraña pues la chica estaba recordando exactamente todas las cosas había pasado para su corta edad. Mientras tanto una leve brisa pasaba por el lugar, causando que la jovencita sintiera un pequeño escalofrió que poco a poco comenzaba a invadir su cuerpo.
-Yo… hasta hace poco viví como prisionera y logre escaparme… y ahora digamos que soy libre…pero a la vez mi destino está preso a ciertas cosas; por lo tanto no lo soy.-
Contesto Sasumi de forma seria mientras miraba hacia otro lado y suspiraba con algo de tristeza. A pesar de las cosas que ella se encontraba recordando-las cuales no eran muy amenas- ella solo atino por mirar al chico y sonreír tranquilamente, pues la adolescente no quería que se formara un aura triste alrededor de ellos.
-¿Tú eres libre?-
Pregunto con algo de pena mientras seguía caminando y jugaba con alguno de sus largos mechones azulados.
Aquiles
Con algo de celeridad el joven preparaba su excursión, tomaba algunas cosas que según el podrían ayudarle a explorar, así fue como cargó con un encendedor, una taza, una cuerda fina de 10 metros y un envase que contenía 1 litro de agua. La parte donde estaba el monumento de la deidad, era totalmente desconocida para el joven, que resuelto en desenmarañar el misterio continuaba sus preparativos lo mejor que podía.
De su alacena tomó unas cuantas provisiones, comida sin preparar como arroz y algo listo como una hogaza de pan. Agregó unas frutas, manzanas y naranjas, dos de cada una. Envolvió todo en una tela de color blanco quedando en tamaño reducido, haciendo un nudo en cada extremo, dejo tela suficiente de ese lienzo para cruzarlo a su espalda y anudar al frente su improvisada mochila. El envase lo dejó fuera y al igual que el paquete que acababa de crear, lo tenía cruzado al pecho, dejando que reposara sobre su lado derecho.
Habían otras cosas importantes que alguien como el debía llevar, sus armas, que guardaba dentro del estuche blanco puesto sobre su muslo izquierdo, además llevó consigo, unas vendas, material antiséptico y unas jeringas con unas ampollas de antibióticos, como médico sabía que enfrentarse a un lugar desconocido le podría traer algunos dificultades si sufría alguna herida importante.
- Creo que es todo lo que necesito…- Pasó mentalmente la lista de lo que llevaba y dando conformidad, salió de su habitación, cargando en su brazo el viejo libro que no dejaba de hojear mientras caminaba. Estaba dispuesto a llegar al fin de todo aquello y como tal escudriñaba con ahínco cualquier parte de esas hojas cargadas con información antigua.
Transitar por las calles de la aldea se le hacía agradable mientras estudiaba, pero consciente que perdería tiempo si no apresuraba su paso, se adelantó en salir por la puerta principal. Dejaba constancia y proseguía con rumbo al pilar del trueno, lugar que demarcaba la ubicación actual del monumento de Raijin, figura mítica y devoción para los habitantes del país.






Batallas ganadas: 15
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