El ataque frontal de las dos copias y el verdadero precursor de ese envite, se realizaba con la misma prontitud que el lanzamiento del shuriken. Aquel guerrero extraño de pieles había perdido por unos instantes la acción del combate por ese llamamiento en la radio, siendo pillado por sorpresa con una ejecución casi instantánea de una técnica del muchacho y la pronta agilidad en el avance del loco de pelo blanco. Ese personaje misterioso que nos ocupaba, amo y señor de ese dojo, no era una persona normal, ni un simple tipejo al que se le pudiera vencer con unos simples movimientos de batalla, reaccionando con gran presteza en los reflejos. La lucha que estaba librando con el esquizofrénico podía catalogarse como sanguinaria, donde el marcar de unos musculo cultivados se coloreaban con un rojo intenso, aguantando estoicamente el encontronazo con el gran gusano de hueso y devolviendo con un simple movimiento de muñeca el arma lanzada.
Karotto reía descontroladamente por la cercanía de su objetivo, anunciándose sin tapujos cual era el autentico de ese trío suicida, para que a los 5 segundos fuera callado iso facto por la nueva contraoferta de su opuesto. El peliblanco tuvo que emplearse a fondo, apoyando sus rodillas en la tarima de ese suelo resquebrajado para dejarse arrastrar por el impulso de velocidad con la cabeza inclinada hacia atrás. El Shuriken paso muy cerca de su cara, casi a escaso milímetros, ensartando en uno de sus picos el Bushin más adelantado que desapareció en una pequeña poluta de polvo. El deslizamiento del chiflado le estaba llevando directo hacia el lugar donde había dejado asentada la mochila al entrar en el lugar, cogienda ésta con una sola mano por las correas abiertas y levantándose repentinamente por la retaguardia de su segunda copia.
-¡¡¡ Ja, ja, ja !!! ¡¡¡ Ratita, juega, ratita, saluda a mi cosita !!! – gritaba el enajenado mental al ver como ese guerrero escapaba de sus zarpas por un resquicio abierto en ese Dojo, hasta el exterior.
El joven ninja no espero a que se le calmara ese estado que pérdida de control, dándose órdenes precisas a sí mismo y dirigiéndose como una exhalación a por su presa señalada. Los dedos suyos hurgaron entre tajos y cortes el forro de su mochila, sacando de su interior una venda y anudándoselo como un ovillo en la palma de la mano. La primera en salir fue la copia la cual advertiría por algún ataque sorpresa, siendo el siguiente Karotto colocando morral a modo de escudo y abriendo como una flor deshilachada todo ese vendaje oculto en el mismo aire, siendo la idea de tapar sus funciones a la vista de los que se encontraran fuera con ese imperceptible jugueteo entre sus Kunais. El chico estaba preparado para cualquier imprevisto, solo la sensación de libertad siendo golpeado por el frescor de esa montaña le cambia la faz a una más seria.
-¡¡¡ Tu no eres mi ratita, no quieres jugar conmigo !!! .- dirigía unas palabras perturbadoras a su contricante.










